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Joker (2019) dirigida por Todd Phillips

“La máscara que equilibra la sonrisa falsa y la tristeza profunda,

la máscara que oculta el anhelo de la aceptación social y el dolor de las heridas del alma,

la máscara que justifica los actos de una víctima de la sociedad, y lo convierte en un líder.”

Joker (2019) dirigida por Todd Phillips

Joker es una de esas historias que te atrapa desde el minuto inicial. La dureza que se muestra a lo largo de la cinta no deja ileso a ningún alma sintiente. Arthur Fleck, “Happy” cómo le llama su madre, es el protagonista de la misma. Nos muestra una historia desgarradora que va sumando diferentes problemas mentales a raíz de una sociedad que no sabe verlo, cuidarlo y atenderlo como necesita.

Arthur presenta un problema cerebral definido como epilepsia gelástica, que es una enfermedad cuya sintomatología (esos ataques de risa incontrolables sin motivo aparente) podría encajar perfectamente con su caso, ya que suele darse en gente más joven, al contrario de lo que ocurre en los casos de parálisis pseudobulbar. Su risa brota de forma descontrolada en cualquier lugar, ya sea con su psicóloga, en un autobús, o en una entrevista de trabajo. El diagnóstico diferencial vendría con la parálisis pseudobulbar, dándose ésta última más en afectaciones de lesión neurológica y en edad avanzada (A. Z. Simmons, 2013). Por presentarse desde su infancia, es posible que haya nacido con ello. La forma neuroanatómica en la que se presenta suele ser por presentar pequeños tumores hipotalámicos benignos desde el nacimiento. Las áreas más comunes del cerebro que dan lugar a convulsiones gelásticas son el hipotálamo, los lóbulos temporales y los lóbulos frontales. La clínica neuropsicológica es muy variada, pudiendo observarse deterioro cognitivo, retraso del lenguaje y dificultades del aprendizaje; trastornos de conducta, trastorno por déficit de atención e hiperactividad y alteraciones del ánimo (A. Jiménez de Domingoa et col. 2014). La hipótesis de la desinhibición en trastornos de afectación pseudobulbar supone que un funcionamiento adecuado de la expresión emocional se basa en un equilibrio entre las entradas inhibitorias y excitatorias a un supuesto centro del tronco encefálico para reír y llorar. Sobre la base del conocimiento actual de la anatomía y función del cerebro, no existe un único centro del tronco encefálico para la risa y el llanto. Más bien, una red de núcleos del tronco encefálico está involucrada en la generación de movimientos asociados con los actos de risa o llanto, y queda por determinar cómo esta red está regulada por la corteza cerebral. (Josef ParvizI et cols.2006). Por tanto, en el caso de Arthur, aunque nos descartamos por la epilepsia gelástica, cabría la necesidad de disponer de un diagnóstico basado en imagen y diagnóstico de neuroanatomía funcional, ya que además puede co-existir la posibilidad de una demencia precoz acusada al daño cerebral temprano por el maltrato o predisposición genética, lo cual justificaría de nuevo la afectación pseudobulbar y una mayor posibilidad de presentar una esquizofrenia o un trastornos esquizotípico de la personalidad.

Joker (2019) dirigida por Todd Phillips

Continuando con el análisis del caso, podemos observar la dicotomía en la que se vive nuestro protagonista en todo momento. Posiblemente la misma dicotomía con la que ha crecido: El bien y el mal. 

Las consecuencias de sus actos son posiblemente predecibles al realizar un estudio en profundidad de su personalidad, sus necesidades y sus deseos más íntimos. ¿Es Arthur el Joker? ó ¿Es el Joker una creación de los deseos más perturbados de Arthur?

Su infancia se desenvolvió en un entorno de inseguridad y desprotección, creció sometido a la presión del entorno para tener que ser una persona feliz y por tanto negando la existencia de sus emociones negativas, como la tristeza, el dolor, la ira o  incluso la desesperación. Su entorno esculpió gran parte de su personalidad. Una madre ausente incluso en presencia, reconvertida en una carga dependiente y gestora de su propio maltrato y humillación. Una figura paterna sustituida por terceras personas a veces impuestos, como pudieron ser los novios temporales de su madre, los cuáles le maltrataban y abusaban sexualmente. Posiblemente a raíz de tales actos atroces, desarrolló una disociación para sobrevivir a tales escenarios. Esta conducta disociativa fue su vía de escape. Así mismo, los anhelos profundos de su alma le llevaban a necesitar sentirse visto, reconocido y admirado. 

 Arthur, es resultado del impacto del entorno sobre sus deseos de encajar y agradar a la sociedad. Muestra ser una persona responsable, social, cercana, divertida y amable, sin embargo debido a su istrionidad puntual y a su trastorno. Joker (2019) dirigida por Todd PhillipsSegún un estudio de  Álvaro Ramírez, (2014), entre los valores representativos para la persona con trastorno histriónico de la personalidad, se ratificó que el “deslumbramiento” busca la novedad, la diferencia, mostrarse interesante y diferente, destacar en algo, pero con el interés básico de la notoriedad. De allí surgen creencias tales como: Debo ser interesante, sorprender, destacar entre los demás; las personas valiosas y destacadas son estimulantes; soy poca cosa si los demás no me encuentran divertido.

 Arthur, por momentos, es consciente de su enfermedad mental e intenta lidiar con ello a través de una personalidad encubierta. Sin embargo, dichos esfuerzos, se ven desembocados en la potenciación del instinto de muerte en él, como decía Freud, una persona se ve movida por un instinto de vida o muerte, dicho instinto nace en Arthur a través de ideas delirantes, actos sádicos, violencia y pensamientos suicidas. Nace en él la pulsión de muerte, que Freud, que son representados como los fenómenos agresivos en la vida mental, incluida la autodestrucción y el sufrimiento del individuo (Corsi et cols 2002). 

Joker (2019) dirigida por Todd PhillipsEs ahí donde comprendemos la naturaleza real de Arthur, ya que lo que nos muestra, con anterioridad al desencadenante final de la expresión de su real personalidad, es un comportamiento sobreactuado, entrenado y falso de quien es o quien intenta ser.  “La gente espera que seas quien no eres”. En el momento en el que se encuentra consigo mismo y comienza a dejar la medicación y terapia, empieza a vislumbrarse la esencia de su trastorno de personalidad. Los diferentes sucesos de acoso, humillación y traición a lo largo de su vida, van sumando. 

Teniendo en cuenta como las neurociencias hoy día estudian las ciencias de la conducta y también contemplan la genética, la sociología y entorno, se sabe que la interacción gen-ambiente modela el desarrollo cerebral, la conducta y la psicopatología. Padecer maltrato o violencia, entre otros estresores en las etapas tempranas de la vida afecta la densidad neuronal, el funcionamiento de los neurotransmisores y la reactividad al estrés. El maltrato se ha identificado como un factor de riesgo para la aparición de psicopatología en la edad adulta (Oshri et cols. 2011).

Uno de los desencadenantes de su trastorno, como la puerta que le permite darse rienda suelta a su delirio, es la decepción sufrida al querer conocer a su padre biológico, quien lo rechaza y reniega de él. Casi de un modo paralelo en su búsqueda del arquetipo paterno, ve como Murray, el presentador de televisión que admira desde su infancia  burlarse de él en público ante miles de espectadores a través de sus pantallas. Este acúmulo de experiencias crean un sumatorio de factores desencadenantes que permiten aflorar su parte más oscuras que se esconden en su mente, apagadas por la medicación excesiva y por el control moral de su superyó, quien le controla los impulsos excéntricos y agresivos.  La responsabilidad impuesta desde temprana edad, le cohibió o restringe la expresión de ciertas conductas propias del trastorno identificado. Su madre, significa el orden mental de sus valores y éticas. Desde que la madre desaparece su plano mental, no tiene “freno” a sus acciones, y únicamente busca la venganza de su dolorosa vida.

Joker (2019) dirigida por Todd Phillips

 

Identificamos en Arthur varias patologías, estimuladas por diferentes factores, razones y/o posibilidades. La mayoría de trastornos mentales son provocados por una combinación de múltiples razones, en este caso factores genéticos y ambientales, ósea el peso de la epigenética en el desarrollo psicológico de la persona.

El primer factor es de carácter biológico, con una afección neurológica de nacimiento como se trata la epilepsia gelástica, que le produce la risa descontrolada, o en su defecto el síndrome de afectación pseudobulbar, que también podría haber sido generado a raíz de los golpes sufridos en la cabeza en las múltiples de las palizas recibidas desde niño.

El segundo factor identificado, es la herencia genética por parte de su madre. Su madre fue ingresada en un psiquiátrico por enfermedad mental, en concreto psicosis delirante. Los factores genéticos, y en este caso  la heredabilidad es crucial en el diagnóstico. Existen altas probabilidades de un factor hereditario familiar. En el caso de Arthur, esta posibilidad se explora a través del caso de la madre, quién fue diagnostica con patologías varias de enfermedades mentales, entre ellas psicosis delirante. La psicosis, son uno de los padecimientos que tienen un mayor porcentaje de heredabilidad, es decir que más de 80% de su fenotipo clínico puede explicarse por la acción directa del genotipo.

El tercer factor identificado, es el entorno y ambiente. Una sociedad marcada por el individualismo donde reina la máxima de: “primero yo y después yo”, y dónde la integridad humana y social no es un asunto es primera importancia. Esto no es algo nuevo, corre de la mano de la mayoría de sociedades, principalmente occidentales. Dicho entorno, se ve marcado por los valores del desprecio, la humillación y el maltrato, en general se podría definir por haber sido víctima de situaciones de acoso y bullying social. El maltrato a una edad temprana puede tener consecuencias psicológicas y neurológicas irreversibles. Por tanto, se ha observado que los malos tratos durante la infancia reducen la calidad de vida relacionada con la salud física y mental (Mesa-Gresa et cols. 2011).

Arthur es prisionero de su propia realidad, la cual está empujado a vivir bajo los condicionantes de una sociedad cruel, fría e impersonal. Su vida, son constantes cambios en su entorno y en su personalidad. Nunca llega a comprenderse ni aceptarse, simplemente lo esconde bajo la “máscara” social de la aceptación o intento de aceptación, en la búsqueda de complacer a través de la risa. Sin embargo debajo de la imagen que Arthur nos transmite de amabilidad, cercanía o incluso incomprensión, se esconden rasgos patológicos claros del trastorno de personalidad tipo A; Esquizotípica. Dicho trastorno es una potenciación de la esencia de su personalidad. Arthur nos muestra una imagen de una persona introvertida, con dificultades en las relaciones sociales, amable, humilde, frustrada, triste y angustiada. Arthur ha luchado toda su vida por ser quien realmente es: el Joker. Sin embargo su realidad le consume. Otro claro signo, es la alta dificultad de crear círculos sociales de confianza, se encuentra abandonado por el mundo, y únicamente tiene la compañía de su madre, quien es un recuerdo vivo de su trágico pasado y de su “penosa” realidad. Otra conducta clara, que nos da indicios del trastorno Esquizotípico, es el gran mundo interior que tiene, en él habitan sus sueños y deseos más profundos, pero nuevamente se ven evocados a nunca ser realizados por la dureza de la realidad de su entorno. 

Arthur huye a través de su mente, de su realidad. Desea ser feliz y por ello su mente comienza a sufrir delirios de las experiencias vividas, se representa como todo aquello que anhela ser: una persona con seguridad, socialmente reconocida, con influencia, con reconocimiento y con aprecio. Representa todas estas conductas a lo largo de la película, en el caso de su imaginativo romance con la vecina, su popularidad social en los periódicos e incluso el aclamado reconocimiento social vivido por el asesinato de dos personas en el tren. La suspicacia aparece representa en desconfianza, dicha desconfianza que nunca se había presentado en Arthur. Era una persona confiada y honrado, intentaba cumplir con las reglas de la sociedad. 

Vive ilusiones irreales, que comienza a ser visibles a través de su primer contacto con las armas. Las armas le hicieron potenciar el sentido de poder y seguridad en sí mismo, en lo que quería ser y como quería que lo vieran. La falta de reconocimiento de quien es, o si ni siquiera existe le hacen precipitarse a conductas, pensamientos e ideas paranoides, donde comienza su lucha y “sed” de venganza por destruir todo aquel que le hubiera atacado, agredido física o emocionalmente, haciéndole sentir “nadie” en un mundo donde él únicamente quería ser visto. 

Sin embargo, la pérdida del trabajo y traición de su compañero le hacen suspicaz y malpensado, lucha por su seguridad a través del asesinato. Comienza a malinterpretar las señales y a crear ideas delirantes de la situación, en el caso que los compañeros de trabajo le visitan en casa, y aprovecha el “gesto bondadoso” ofrecido como condolencias por la muerte de la madre, para vengarse del compañero que le entregó el arma, causando su despido y la destrucción de su carrera profesional como payaso. 

Por otro lado, la excéntrica y positiva, respuesta recibida por parte de la sociedad por los asesinatos cometidos, hacen reforzar las presentes conducta y confundir su moralidad hacia que es correcto o incorrecto. A su vez, se une el abandono de la medicación, por el cual  comienza a florecer la esencia de conductas patológicas antisociales, posiblemente inducidas o impactadas de forma previa a consecuencia del entorno social y ambiental que favorecieron dicha estimulación. 

Analizamos un segundo trastorno de personalidad como consecuencia de su desarrollo social en un entorno hostil, protagonizado por el maltrato. El abuso infantil y la negligencia se han implicado como factores de riesgo para el desarrollo de los trastornos de la personalidad en adultos. Entre las patologías mejor relacionadas se encuentran el trastorno antisocial, comportamientos agresivos y estrés postraumático. (Forero et cols. 2010) Vemos en Arthur el crecimiento exponencial de las conductas con patologías antisociales, durante la construcción del personaje del “Joker”. Vive una transformación total, donde ya no se esfuerza en complacer sino en ser complacido a través de sus logros de los asesinatos, en búsqueda de la liberación del poder o como antisistema. Le mueven conductas de rebeldía, desobediencia e insumisión, busca el caos y el caos lo busca a él. El caos social no le hace sentir solo, su mundo ya no es caótico, sino el mundo de los demás lo es. Su comportamiento se convierte adictivamente mentiroso y agresivo. Supera cualquier barrera por conseguir lo que desea, no tiene freno, su moralidad ha desaparecido y reina sus impulsos. La impulsividad de su actos le hacen tener una personalidad descontrolada. Podemos denotar dicha impulsividad, en el plató de Murray donde comienza de forma paulatina a dejar atrás la cordura mental por una necesidad de actuar y de ser visto. Deja de ser cuidadoso o de incluso preocuparse los detalles de cada asesinato, cuando deja ir al compañero de trabajo que deja con vida. Es irresponsable e inconsciente de la repercusión de sus actos al estar totalmente ensimismado en sus pensamientos e ideas delirantes. Se autocompadece de sí mismo, y es esta la energía que le hace seguir cometiendo asesinatos y vivir una vida sin remordimiento. Apagó su mente, sus pensamientos oscuros, que le hacían ser consciente para vivir de forma desenfrenada y libre, expresando la esencia de su alma en la búsqueda del poder. El espectáculo se había convertido en su forma de vida, y su vida se había convertido en un espectáculo donde el era el protagonista, ser el Joker le había ayudado a ser quien él quería ser. Es ahí donde su trastorno se encuentra en una intensidad excesiva con un alto nivel de peligrosidad por sus futuros actos. La creación de un personaje paralelo a su vida real, es una disociación pero también transmite indicios de un posible trastorno de personalidad límite, donde el Joker, se convierte en una alteración real de su identidad, persistente y al final consolidada en su mente, físico y ser. El Joker consigue destruir y hacer desaparecer a Arthur, escondido bajo un maquillaje y atuendo extravagante y único. 

Arthur por tanto nos muestra una imagen compleja de sí mismo a través de las escenas de su vida. Él a pesar de las circunstancias, intenta tener un trabajo honesto con el que vivir, se esfuerza por desplegar sus sueños y anhelos de éxito profesional y reconocimiento social. Así mismo se preocupa de estar al cuidado puntual de su madre, etc. Esto conmueve a cualquiera con un mínimo de neuronas espejo.

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