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Es necesario equilibrar el dar y recibir amor y equilibrar el hacer y recibir daño, nuestra pertenencia al campo de la compensación, del equilibrio, no nos permite no equilibrarlo.

Equilibrar el dar y recibir amor: devolver el amor recibido, un poco más de lo que se ha recibido. Dar amor sólo en la medida que el otro sea capaz de devolver.
Equilibrar el hacer daño: por parte de la víctima reconociendo sus ganas de venganza del daño recibido, y diciendo « soy igual que tú », en vez de meterse en la buena consciencia de la venganza y por parte del perpetrador, asumiendo y reparando el daño hecho, en vez de caer en la expiación (que se hace para tener buena consciencia y no por amor al otro).

El hecho de dar o tomar de otra persona crea un desequilibrio que mantiene viva la relación, hasta que el otro haya compensado. Si fuéramos perfectos, seríamos autosuficientes y no necesitaríamos dar ni recibir, no necesitaríamos entrar en relación con los demás.
La persona que da se siente superior, inocente, libre – no debe nada a nadie -, y adquiere el derecho de exigir su compensación.

La persona que toma o recibe se siente inferior, tiene mala conciencia por deber algo, se siente dependiente de la persona que le ha dado, y se siente con la obligación de devolver, de compensar. Cuando alguien no quiere cobrar lo que hace, por un lado es para que no le exijan responsabilidades de lo que ha hecho, y por otro es porque no sabe tomar, no ha tomado a la madre.

En la familia el hijo no puede dejar de recibir de sus padres; de sus padres sólo puede recibir, incluso cuando le dicen “Tú por mi”.
Cuando toma con amor y respeto, y sin cuestionárselo, todo lo que sus padres le ofrecen, el hijo siente plenitud (en oposición a la sensación de vacío del deprimido, por no tomar a uno de sus padres), sabe dar y sabe recibir. La deuda adquirida entonces es la fuerza que le empuja para dar a sus hijos sin esperar nada a cambio y para dar a sus iguales respetando su derecho a devolverle lo justo.

La prosperidad es la respuesta del Entorno a un buen dar. Un “buen dar” sólo es posible cuando hay un “buen tomar” previo. La prosperidad es una respuesta de agradecimiento a una persona agradecida, agradecida a todo y a todos, especialmente a la gente difícil.

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