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Los programas que hemos heredado de nuestros ancestros, así como las creencias que nos han inculcado desde un inicio, conforman lo que viene a ser nuestra personalidad y nuestro carácter. Toda esta información se traduce en una forma determinada de afrontar cualquier evento o situación que se produzca en nuestras vidas. Por lo tanto, todos los pensamientos, sentimientos y emociones que se desprenden de tales experiencias son el resultado de una decisión que nunca ha sido nuestra. 

Einstein, aunque partiera de una base de física clásica, dijo algo similar en su momento: “Si no les gusta el mundo que ven, que sepan que no lo pueden cambiar; pero si cambian la forma de verlo, cambiará su universo”. 

El Inconsciente tiene un objetivo muy claro: adaptarse al entorno y asegurar la supervivencia. El Inconsciente familiar pretende asegurar la continuidad del clan, actuando como un mecanismo de defensa ante ciertas situaciones que han quedado grabadas como peligrosas o nocivas. 

El Inconsciente familiar actúa de este modo porque pretende buscar la coherencia entre las creencias y el comportamiento, como una forma de adaptación al entorno. Busca, por lo tanto, la coherencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. 

Todo se puede resumir en la siguiente pregunta: 

¿Qué pasaba por la cabeza de mis padres antes de que yo fuera concebido, en el útero materno y a mi temprana edad?” 

El Dr. Bruce H. Lipton, en el capítulo “Paternidad Responsable” de su libro La biología de la creencia, explica varios de estos experimentos que vienen a demostrar la importancia de ser padres responsables y de tomar conciencia de que nuestras emociones, como padres, afectan a nuestros hijos y los programamos a vivir una vida determinada. 

El Inconsciente procesa la información a una velocidad millones de veces superior a la de la mente consciente. Este examina el mundo que nos rodea, graba todo lo que nosotros experimentamos emocionalmente. Tiene una capacidad de reacción inmediata y para ello utiliza programas evolutivos y comportamientos previamente aprendidos. Sus actos son de naturaleza refleja y no están controlados por pensamientos o razonamientos. 

Cuando un recuerdo es doloroso, queda guardado en el inconsciente con todos los matices. Estos matices se relacionan con toda precisión; contienen todos los detalles que envuelven una situación dolorosa como, por ejemplo, un determinado olor, un ruido, una música, una calle oscura, unas voces, una comida, un ambiente o una temperatura. Estos matices funcionan como raíles que se disparan cuando el inconsciente los detecta de nuevo, para avisarnos del peligro y evitar que la situación dolorosa se repita.

Observa ahora, ¿qué situaciones te hacen reaccionar?

Fíjate que anclarte en la respiración en esos momentos es uno de los mejores aliados que tienes. Le das la oportunidad a responder en vez de reaccionar a tu cerebro, trascendiendo el aprendizaje automático.

¿Y qué es lo que más nos hace reaccionar? –> Claramente las fidelidades familiares.

Feliz día.

Leire

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