En la literatura especializada, se está acumulando en los últimos años una notable evidencia sobre los estados de hipocortisolismo y la desregulación del eje HHA en relación con eventos estresantes infantiles. La teoría del apego y los diferentes estilos cognitivo – afectivos que de ella se postulan podrían representar una gran ayuda en la comprensión de los procesos psicobiológicos que subyacen a dichos estados de hipocortisolism  en tanto el apego aparece como constructo imprescindible a la hora de ligar psicología del desarrollo, psiquiatría, psicoanálisis, neurobiología evolutiva y genética.  Según algunos reputados investigadores de esta área, solamente la comunicación entre disciplinas vecinas podrá dar la clave para la comprensión de los trastornos de la fisiología del estrés y su relación con la psicología del desarrollo.

Eysenck definió a la personalidad como “una organización más o menos estable y duradera del carácter, temperamento, intelecto y físico de una persona que determina su adaptación única al ambiente” (Eysenck y Eysenck, 1985, p.9). El modelo por él propuesto es jerárquico, psicobiológico, dimensional y disposicional. Jerárquico porque en el primer nivel están las acciones (respuestas fisiológicas, emocionales, conductuales específicas). En un segundo nivel se encuentran las reacciones habituales, de cuya combinación surgen los rasgos o tendencias de conducta (tercer nivel). Finalmente, de la correlación entre estos rasgos, surgen las dimensiones básicas de personalidad (cuarto nivel). Esta mirada “de abajo hacia arriba” es útil para la descripción del modelo pero la explicación de la conducta funciona de modo inverso: las dimensiones de personalidad son las que determinan los niveles inferiores (Eysenck, 1982). Psicobiológico porque es posible -y ha dedicado buena parte de sus trabajos a ello- identificar los mecanismos biológicos que subyacen a las dimensiones de personalidad.

Este autor propuso la existencia de tres dimensiones básicas de personalidad: Neuroticismo (N), Extraversión (E) y Psicoticismo (P). La dimensión N está relacionada con la disposición a padecer trastornos de ansiedad y del estado de ánimo. Los rasgos de N son: ansiedad, angustia, tensión, ideas irracionales, timidez, tristeza, emotividad, baja autoestima y sentimientos de culpa.

Considera que la actividad del sistema límbico es la responsable de N. La dimensión E, combinada con la anterior, determinarían el tipo de trastorno “neurótico” (Eysenck, 1952). La descripción de E ha variado a lo largo del desarrollo de su teoría, sobretodo luego de los estudios que en 1976 inicia con la dimensión P. En 1990, incluye los siguientes rasgos para E: sociabilidad, actividad, asertividad, búsqueda de sensaciones, despreocupación, dominancia, espontaneidad (Eysenck, 1990). Propone como base biológica para explicar las diferencias individuales en esta dimensión, el sistema activador reticular ascendente (SARA). Así, los introvertidos se caracterizan por tener niveles altos de actividad en el circuito retículo-cortical, mientras los extravertidos se caracterizan por tener bajos niveles en este circuito. En el sistema activador (o de arousal) se incluye además actualmente, el sistema MAO, tálamo-cortical y pituitario-adrenocortical (Zuckerman, 1989; Eysenck, 1990). La dimensión P en puntuaciones extremas predispone a los sujetos a la psicosis y al trastorno antisocial de personalidad. Un individuo con altos niveles en P es: agresivo, frío, egocéntrico, impersonal, impulsivo, antisocial, creativo, rígido y de baja empatía. (Eysenck, 1990). En cuanto a las bases neurobiológicas, la propuesta de Eysenck no es muy clara y está mucho menos desarrollada que las de las dimensiones restantes. Otros (p. ej., Zuckerman, 1992) han propuesto como bases biológicas: circuitos noradrenérgicos, dopaminérgicos, serotoninérgicos, niveles de testosterona, y niveles de MAO.

Un trabajo de investigación muy interesante evaluó a los psicoterapeutas en formación que atendían a pacientes con trastorno límite de personalidad y que habían protagonizado recientemente intentos de suicidio, lo que constituye según los autores un potente estresor de carácter interpersonal para los psicoterapeutas. Encontraron que, previamente a sesiones que los psicoterapeutas preveían que iban a ser complicadas, aparecía una disociación entre SNA y el eje HHA, de tal forma que la alfa-amilasa podía aparecer elevada y el cortisol incluso suprimido. Estos parámetros se normalizaban posteriormente cuando la sesión transcurría bien, pero no sucedía cuando el final de la misma no era satisfactorio, por nuevas amenazas de suicidio por ejemplo. (Miller etc cols. 2010)

Los diferentes estilos de apego inseguro perpetuarían según esta línea de pensamiento una situación de estrés crónico más o menos pronunciada en relación con la gravedad del daño vincular y la incapacidad de recurrir a mecanismos de defensa del yo más avanzados. Las relaciones interpersonales de convertirían de este modo en una fuente constante de estrés. Esto daría lugar al estado referido de hipocortisolismo, así como a una disociación del eje HHA frente al simpático adrenal – adrenalina/ noradrenalina – , en la que el segundo presenta una elevación sostenida. (J. Henrry 1997)

En resumen, cada vez hay mayor evidencia acerca de la posibilidad de revertir los estados de insuficiente señalización glucocorticoidea con diferentes técnicas de psicoterapia, entre las cuales, han destacado en este sentido las basadas en min-dfulness. A pesar de que los diferentes estilos de apego inseguro aparecen ya cada vez más claramente como factores de riesgo para desarrollar complicaciones somáticas derivadas un estrés mantenido, prácticamente no hay prácticamente estudios que evalúen con una metodología rigurosa la posible normalización del eje HHA, por ejemplo, a través de las psicoterapia basada en la mentalización. En cuanto a los tratamientos farmacológicos, sí que se ha habido evidencia en los últimos años de mejorías con glucocorticoides en diferentes patologías relacionadas con el estrés crónico, especialmente el TEPT, el síndrome de fatiga crónica y la fibromialgia. Se requerirían más trabajos de investigación para conocer si se puede extrapolar dicha mejoría a otros trastornos del mismo espectro.

 

Henry J. Psychological and physiological responses to stress: the right hemisphere and the hypothalamo-pituitary-adrenal axis, an inquiry into problems of human bonding. Acta Physiol Scand Suppl. 1997; 640: p. 10-25.

Miller G, Iverson K, Kemmelmeier M, Maclane C, Pistorello J, Fruzzetti A, et al. A Pilot Study of Psychotherapist Trainees’ Alpha-Amylase and Cortisol Levels During Treatment of Recently Suicidal Clients With Borderline Traits. Prof Psychol Res Pr. 2010 Jun; 41(3): p. 228-35.   

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