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¿Te has parado a observar todo lo que alberga en una explosión de ira?

Seguro que ya seas consciente de que entiendas o veas que esa persona o tu mismo debes de estar muy mal para darte esas explosiones, y más aún si son frecuentes.

No es que expresar la ira sea algo a evitar, pero si tal vez pueirades permitirte maneras más óptimas: Respirar, deportes explosivos, etc… Y si ya se dio la vomitona porque no se dio tiempo a darte cuenta, pues respirarlo, observarlo y «reflexionar» desde el corazón (no desde la mente).

Desde lo profundo de nuestra mente, el subconsciente o inconsciente (tu mente profunda) proyecta todo tipo de memorias [pensamientos, sentimientos, imágenes, sonidos, sucesos, relaciones] en nuestra conciencia, que hace las veces de pantalla multimedia y es donde se experimenta la vida, tal como un videojuego interactivo. Todas las memorias están basadas en la separación, la diferencia y la búsqueda de la felicidad en ese ámbito y se viven bajo una identificación exclusiva con una experiencia individual y personal.

Todo comienza por sentir que el otro y yo somos lo mismo.  Se trata de colocarse en intentar ver al otro totalmente inocente, inofensivo, libre de todo pasado y de toda exigencia, una total aceptación del otro por encima de cualquier experiencia. Esto requiere del trabajo de perdón y liberación.

Una película que me ayudó a integrar este concepto y a sanar fue La Cabaña.

Una pareja o cualquier relación sin perdón, en manos del ego, puede convertirse fácilmente en un infierno emocional. Al no ser que nos hayan educado en el perdón y aceptación es difícil que lo tengamos integrado. Más aún si venimos de un ambiente y experiencias humillación, injusticia, traición, abandono o rechazo contante. Si no lo hemos sanado y trascendido posiblemente se sigan activando estas heridas, trayéndonos una y otra vez las mismas experiencias para que aprendamos y nos demos cuenta… e incluso en muchos casos morir habiendo vivido una vida trágica. (Tal vez fue lo que viniste a experimentar).

Pon todo tu corazón en ver absolutamente nueva y fresca a esa persona y a la relación en cada instante. Perdónala cada día, en cada emoción, en cada conflicto, en cada decepción, en cada distracción, en cada aparente problema, sin que ello tenga que significar que interrumpas tu comunicación y tu expresión humana con ella en ningún aspecto

Por supuesto, habrá momentos difíciles. Siempre los hay en este mundo. Y serán aquellos en los que el perdón y la aceptación (que no resignación)  te sea aún de mayor utilidad.

Lo bueno s que si tú lo eliges, sanar y tomar tu vida para vivirla plenamente feliz si es posible,

Requiere de atravesar un proceso personal y de cruzar varios desiertos.

Yo vengo de ahí y sé que se puede. Así que tú también.

GRACIAS. TE AMO.

Leire

 

 

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