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Hay un perfil de personas que son castigadoras, controladoras y que necesitan que todo se rija bajo sus órdenes. Pueden expresarlo con agresividad evidente o de un modo enmascarado.

Por ejemplo es totalmente obvio en quien te grita y manda sin parar que no está bien lo que hace. ¿Y que hay de la persona que va de moralista?, o de quiero para de señalar lo que hacen los demás, o de reñir aunque no sea con gritos exagerados. De igual manera es alguien tóxico.

En ambos casos son personas muy infelices: El sufrimiento que cargan es grande y por ello siempre están enfadados, aunque no lo reconozcan. Ya que es su estado normal de vivir. Es posible que ni siquiera hayan conocido otro y es difícil que busquen ayuda para hacer terapia ni se comprometan porque en sus cabezas siempre serán los demás los culpables de todo.

Son capaces de perder a las personas que más quieren por no saber amarlas. Y no saben la suerte que tienen cuando sus seres queridos les aguantan una y otra vez intentando ayudarles.

Este modo de vivir es un claro síntoma de dolor que una persona tiene en su interior. El dolor puede manifestarse a través de actitudes que van más allá del llanto. A veces, un ser humano puede estar sufriendo mucho a nivel interno y, a nivel externo, mostrar este dolor a través de un comportamiento que no es habitual en él. En este caso, el sufrimiento interior adquiere significado precisamente porque las discusiones no tienen un carácter concreto y objetivo sino habitual y recurrente. Es decir, la persona parece estar enfadada con la vida.

En algún momento, la persona tendrá que darse cuenta de que no debe descargar sus frustraciones con los demás, posteriormente deberá aprender a desatar los nudos emocionales que producen dolor.



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