¿Te intoxicas con tus propios pensamientos?

Muchas veces queremos digerir situaciones, y no podemos LITERALMENTE se nos queda atascado o enfermamos…

La proyección es uno de los mecanismos de defensas que utilizamos para defendernos de las amenazas externas, atribuyendo la responsabilidad de nuestros rasgos, sentimientos y/o conductas al otro (persona o ambiente). La persona culpa de lo que le pasa al otro, pensando que lo malo o lo que genera malestar viene del ambiente hacia uno mismo, en lugar de ver que la responsabilidad recae en él/ella, y de que se trata de algo propio e interno.

Es un modo de homeostasis. En el cual, no permito que entre en mi eso que me daña de fuera … pero que no es funcional. ES DECIR… QUE NO FUNCIONA CORRECTAMENTE ya que lo que echamos fuera…es nuestro.

Se trata de eso justamente que no soportamos de nosotros. Y que a su vez, NO NOS PERMITE PONER LÍMITES SANOS.

Aceptar, comprender, integrar y elegir es el camino de trabajo terapéutico mas razonable. Nos ayuda a digerir y nos ubica directamente en poder ACTUAR.

Si siempre culpamos a los demás, los conflictos se van a repetir una y otra vez y no vamos a ser capaces de resolver las situaciones problemáticas. Esto irá generando frustración y negatividad permanente en nuestras relaciones con los demás y con el ambiente, generando un malestar e insatisfacción constante hacia el mundo.

Por lo general las proyecciones son características que nos son difíciles de aceptar como propias y tendemos a rechazar. Estas características, formas de pensar o conductas suelen tener carácter agresivo, sexual, persecutorio, etc. La proyección sirve para poder interrumpir estos impulsos.

Disociación es una palabra que se utiliza para describir la desconexión entre cosas generalmente asociadas entre sí. Las experiencias disociativas no se integran en el sentido del yo, dando por resultado discontinuidades en el conocimiento consciente. En la disociación se da una falta de conexión en los pensamientos, memoria y sentido de identidad de una persona. Por ejemplo, alguien puede pensar en un acontecimiento que le trastornaba enormemente y aún así no experimentar ninguna emoción en absoluto. Es lo que se llama embotamiento emocional, uno de los aspectos principales del trastorno de estrés postraumático.

La investigación tiende a indicar que la disociación procede de una combinación de factores ambientales y biológicos. La probabilidad de que una tendencia a disociar sea heredada se considera que es de cero (Simeon et al., 2001). Por lo general, el abuso repetido físico y/o  sexual en la infancia y otras formas de trauma se asocian al desarrollo de los trastornos disociativos (Putnam, 1985). En el contexto de un trauma crónico y severo en la niñez, la disociación puede ser considerada adaptativa porque reduce el intenso dolor emocional creado por el trauma. Sin embargo, si la disociación continúa utilizándose en la edad adulta, cuando el peligro original ya no existe, puede ser disfuncional. El adulto que disocia puede desconectar automáticamente de las situaciones que percibe como peligrosas o amenazantes, sin tener tiempo para determinar si existe un peligro real. Esto deja a la persona fuera de contacto en muchas situaciones de la vida diaria, e incapaz protegerse en momentos de peligro real.

Uno de los problemas principales para la persona con un trastorno disociativo es la alteración de la regulación de las emociones; es decir, la dificultad para tolerar y manejar experiencias emocionales intensas.

Los seres humanos tendemos a tener una mente integrada: sabemos que somos nosotros mismos a lo largo de nuestra vida, independientemente de las situaciones que vivamos. Yo soy que soy yo en todas las situaciones, desde la infancia a mi edad adulta y la vejez. Pero haga lo que haga, me pase lo que me pase, cambie de forma de ser o madure, siempre soy la misma persona.

Mi mente sabe que todo forma parte de un concepto: el YO y que siento y pienso cosas diferentes. Esto es lo que se llama integración y se va formando a lo largo de nuestra vida gracias a las personas que nos cuidan, regulan nuestras emociones y nos dan seguridad, nos enseñan cómo es el mundo y responden a nuestras necesidades de manera ajustada y adecuada.

Entonces ¿qué pasa cuando no tenemos relaciones sanas que nos guíen en esta integración de nuestro concepto? ¿Qué pasa si estamos expuestos a vivencias traumáticas? ¿Y si nuestras figuras de seguridad no son coherentes o nos maltratan? ¿Qué pasa si algo que sucede en nuestro cuerpo no es tolerable para nuestra mente?

La disociación sería una situación “contraria” a la integración. Nuestra mente se fragmentaría produciendo momentos que no somos conscientes de por qué hacemos una cosa u otra, creando amnesia e incluso dividiendo en partes nuestra mente. ¿Y por qué hace esto la mente? Pues bien porque no hemos tenido personas importantes y consistentes que nos ayudaran a crearnos una visión integrada de nosotros mismos, o bien porque hemos estado expuestos a situaciones traumáticas en nuestra vida, especialmente en la infancia, donde hay menos capacidad de integración.

 

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