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¡Eureka! ¡Sí, sí ,sí! jajaja, eso me decía en la ducha mientras sentía una comprensión profunda. ¡Qué liberador es cuando entiendes! En realidad era un soltar en toda regla.

Se suele decir que el maestro aparece cuando uno está preparado, pero también que si no se está dispuesto a escuchar al maestro y respetar su pasos, que tal vez ese encuentro haya llegado a su fin.

Recuerdo hace ya bastantes años que uno de los maestros que apareció en mi vida, me tocaba mucho las narices. A cada cosa que decía o hacía me daba una lección. Acabé por evitarle e incluso odiarle… hoy día sólo tengo palabras de agradecimiento hacía aquel ser.

Era como el DAR CERA, PULIR CERA, de la película Karate Kid…que el alumno refunfuñaba, porque se creía ya muy listo y apto para el siguiente paso, sin respetar en absoluto el camino que le planteaba su maestro.

Como muestra en la película , Daniel, un joven que se traslada con su madre a California, empieza a sufrir abusos y a tener conflictos con parte de una pandilla de estudiantes de Karate. Su vecino, el Sr. Miyagi, resulta ser un experto en dicho Arte Marcial, al que termina pidiendo ayuda.

Daniel, impaciente y nervioso por los problemas que le atenazan, recibe un curioso entrenamiento que, equiparándolo a las lecciones del día a día para cualquier mortal alejado de la cinematografía, tiene una lectura muy curiosa.

Cansado por las palizas y abusos que recibe, Daniel necesita con prontitud ponerse fuerte y aprender técnicas de combate. Eso le agobia y la impaciencia le puede, asustado y temeroso por recibir nuevos abusos y ataques.

Todos esos ‘ejercicios’ molestan a Daniel hasta el punto que discrepa con el Maestro abiertamente, quejándose por el entrenamiento. Seguimos con la impaciencia generada por la necesidad.

Ante tal reto, ante nuestras necesidades, y ante la lentitud del proceso a vivir, aparecen las desmotivaciones, el desespero, y la falta de paciencia. (De hecho una de las frases que más suele decirme una alumna es: YO TENGO MI RITMO…sin darse cuenta que es una forma encubierta de no querer salir de la zona de confort y afrontar los verdaderos demonios internos). –> INSISTO QUE YO MISMA ESTUVE AHÍ HACE MÁS DE  10 AÑOS..

Curiosamente llevo un tiempo que me encuentro en el lugar contrario al de hace años, sin yo pretenderlo fueron apareciendo los alumnos que querían seguir un camino a través de la estela que mis pasos dejaban. Y bien, como a mi en su día también me propusieron lo de «dar cera, pulir cera…», empecé por ahí con ell@s… algun@s si han entregado con pleno respeto, avanzando a la velocidad del rayo y siguiendo sus caminos hacia el próximo maestro.. pero alguna que otra… ¡ene!, como dicen en mi Tierra… me rebaten, cuestionan, replican, … ¡tan difícil es sentarse a meditar! ¡tan difícil es respetar …! ¡dar cera..pulir cera!.. y soy paciente, me miro ahí, de hecho aprovecho con gran apertura ese espacio que se brinda a través de esos encuentros para mirarme ahí…

Y hoy, tras sostener a una de estas alumnas, pacientes, amiga podría decir.. me he dado cuenta de que me había empeñado en tirar de la cuerda para acompañar hacia un camino a alguien.. que estaba tirando ya en otra dirección. Lo cuál, casi sin darme cuenta me había llevado a estar sosteniendo algo que no era mío, una carga innecesaria en mi vida.. que ni agradecida, ni pagada.

Y ahí estaba yo.. de nuevo.. en la ducha (que hoy me duché varias veces en ritual de purificación).. sintiendo y viendo como cuando paseo con mi peludo amigo bamba , mi perro, el si está inquieto y fuera de su órbita, tira de la correa en exceso, y si yo me centro en mi lugar, respetándome, el mismo se corrige y ubica. Pero si tiro demasiado para dirigirle, se convierte en una lucha de egos. Otra cosa es que arremeta contra alguien o contra sí mismo, (igual que con mi alumna), entonces, tal vez me tocase actuar.

Por mi experiencia como terapeuta, veo en muchas de las personas que vienen a mi consulta que para aplicar cualquier cambio -a menudo deseado-, antes debemos hacer un aprendizaje. Ese aprendizaje está ligado a una situación nueva de la vida que, justamente por su por su novedad, desconocemos.

Por ese desconocimiento, ignoramos como funciona y pretendemos aplicar sistemas de funcionamiento de nuestro anterior tiempo o etapa que, generalmente, no encajan.

De ahí la desesperación y la impaciencia.

El famoso ‘dar cera, pulir cera’ no es otro arquetipo que el de hacer algo que se te antoja surrealista, inútil e incluso estúpido, pero que con el tiempo te va a dar las herramientas para hacer aquello en lo que te estabas proyectando.

De momento, hoy … suelto… Yo perdí a aquel maestro que tanto me mostraba, porque verdaderamente no estaba preparada para dar tales pasos, y no quería, mi ego me decía que ya estaba despierta y cuestionaba todo lo que se me mostraba… a los años, tras una buena ostia, me dí cuenta de mi arrogancia.

Ahora que estoy en el otro lugar.. estoy aprendiendo a soltar, gracias a como me soltó aquel maestro..

 

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