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Para Jung existen dos tipos de inconsciente; el inconsciente personal y el colectivo. El inconsciente personal contiene todas las experiencias, no conscientes, que atañen a la vida y la historia personal del individuo. El inconsciente colectivo se refiere a un conocimiento universal heredado que constituye un patrimonio de la humanidad presente en la mente individual. También se le denomina mente arcaica y, últimamente, mente filogenética. Allí se alojan experiencias, tendencias, conocimientos que atañen al pasado de una familia, de los pueblos y de la raza humana.

Desde esta perspectiva, el concepto de inconsciente colectivo indica que el ser humano posee un potencial de sabiduría que va mucho más allá de lo que habitualmente usa y aplica.
Situándonos en esta concepción de lo inconsciente podemos comprender que existe una sombra personal que corresponde a los aspectos negativos individuales y una sombra colectiva que corresponde a todo lo negativo y destructivo de la especie humana. Ambas formas de inconsciente se relacionan de modo que la sombra individual puede conectar con contenidos inconscientes colectivos potenciando su destructividad.


Del mismo modo, lo inconsciente colectivo puede actuar sobre las mentes individuales constelando fuerzas de gran capacidad devastadora. La tortura, el secuestro, el terrorismo, el maltrato doméstico y tanto otros casos de crueldad pueden servir para ejemplificar como funciona esta relación entre lo inconsciente personal y lo inconsciente colectivo en cuanto a la figura de la sombra.


El torturador puede adoptar a lo hijos de sus victimas y criarlos con el mismo amor y cuidado que a sus propios hijos. Su sombra personal ha sido activada y constelada por la sombra colectiva de quienes propician la tortura en el grupo, en una situación de guerra, de dictadura o similar.

En el caso de la violencia doméstica se puede identificar un patrón de inferioridad/ superioridad y necesidad de dominio, además de una historia familiar de agresividad y malos tratos que activa el vinculo de la psique personal con la colectiva. El maltratador compensa sus sentimientos de inferioridad y, temor al abandono, tratando de dominar a su pareja.


El desarrollo de la consciencia individual, de la fuerza e integridad del yo, es lo que protege al individuo de caer en manos del potencial aniquilador que procede de los aspectos negativos en la mente colectiva. Pero además es necesaria la suficiente flexibilidad a los influjos inconscientes para conseguir canalizarlos adecuadamente. De hecho, el encuentro con la sombra es un importante momento en el proceso de individuación que conlleva la liberación de energía invertida en lo inconsciente lo que significa su transformación en vitalidad y creatividad.


Este encuentro requiere una buena dosis de valor y de motivación por el conocimiento de uno mismo.

Es decir, un alto grado de fortaleza y autoestima para poder enfrentarse con aquellos aspectos que no son agradables y que, cuando menos, son dolorosos. Aspecto que además no encajan con la imagen que socialmente nos gusta dar cuestión muy importante en el mundo actual que da gran valor a la apariencia.

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