Seleccionar página

Y siempre llega ese día en el que te atraviesa el miedo, te llena por cada poro de tu piel. Da igual la situación que lo traiga, la realidad es que llega.

En esos momentos sientes que tu vida de desestructurarse haciéndote perder el control. El automatismo más rápido nos dirige a culpar a otros, fuera de nosotros de lo que nos sucede, cuando en realidad, los único que tenemos poder y dominio sobre nuestras emociones, pensamientos y sensaciones, somos nosotros. Es fácil decirlo, pero en los momentos de secuestro emocional, llegamos a somatizar con tanta fuerza que resulta difícil tener un diálogo con la mente.

En verdad esta es una puerta llamada oportunidad a atrevernos al cambio, a sanar esas heridas profundas de nuestra alma, que nos han rondado durante tanto tiempo. Los parches y tiritas nos sirvieron, a modo de bypass, pero cuando la herida sigue… tarde o temprano..vuelve a llamar a la puerta.

Es como un cartero concienciado en que te llegue la  carta. Un día no abres,.. otro tampoco.. hasta que regresa tocando más fuerte aún a la puerta.

El mensaje tarde o temprano te llega.

¿Y que hacer en ese momento? Pues si ya tienes herramientas y habilidades para sostenerte solo, ya sea porque meditas, haces mindfulness o sabes de gestión emocional, lo mejor es sumergiste en tu introspección y darte una buena buceada por tu sótano interior.

Y sino puedes solo, buscar ayuda. Estas son las llamadas para empezar un proceso de acompañamiento terapéutico.

Siempre sé amable con la situación y contigo mismo, ya que estar cursando con dolor físico o emocional, no es algo agradable.

Y respirar, respirar y respirar es la mejor mano que puedes tener en tus momentos de crisis.

Hay ocasiones en las que este miedo puede ir más allá, por ejemplo, cuando poco a poco nos damos cuenta que dejamos de hacer cosas que antes nos gustaban o resultaban básicas para nuestra funcionalidad, tan básicas como salir a la calle a pasear, acudir a nuestro trabajo, conocer a una persona nueva y demás.

Esto, puede tener su origen en situaciones pasadas que tal vez no resultaron como queríamos y el miedo se quedó anclado en nosotros poniéndonos en una especie de “alerta permanente”, limitándonos en crear una historia distinta, aventurarnos a nuevos y diferentes resultados.

Una de las formas de poder solucionar esto es precisamente detenerse en ese miedo que nos limita, preguntarnos desde cuándo nos acompaña, qué lo puso ahí, cómo era yo antes de tener miedo, qué puedo aprender de él; ubicándonos así como los protagonistas de nuestra historia y no girando entorno al temor.

Aun así, no los tienes porque vivir en soledad. Para eso estamos los profesionales formados, para acompañar a tu alma en tan bello viaje, de vuelta a casa, a reencontrarte con el ser que eres.

Te abrazo fuerte,

Leire Benito

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad