Niño ansioso/evitativo – Adulto Negador/evitativo: los niños ansioso-evitativos son aquellos que tienen padres distantes, fríos, no disponibles emocional ni afectivamente. Estos padres no son sensibles a las demandas ni necesidades de sus hijos, y responden a ellas precisamente con la “no respuesta”.

El niño genera una conducta que, para un observador externo, indica madurez e independencia, pero aunque parezca que el niño puede estar cómodo en la autonomía, los estudios demuestran que internamente siente una gran ansiedad.

Cuando crecen se convierten en adultos que han “aprendido” que no son dignos de amor y atención, que los demás no pueden proporcionales calma ni seguridad, y que deben ser independientes pues nadie puede ayudarles. Pensemos que de niños era probable que la respuesta de sus padres fuera inexistente, por lo tanto es de esperar que rechacen la intimidad, no porque quieran, sino por miedo a la cercanía, que en su infancia significaba rechazo y/o indiferencia.

Las personas evitativas tienden a alejarse de su mundo emocional como forma de protección, inhiben o minimizan sus necesidades y deseos, llegando incluso a negarlos. Si eres evitativo, posiblemente te sentirás abrumado con la cercanía y no serás muy consciente de tus emociones y sensaciones corporales.

Niño Ansioso Ambivalente / Adulto preocupado Ambivalente: Podríamos resumir a este tipo de personas como “aquellas que se agarran a un clavo ardiendo antes que perder el vínculo”. Si investigamos en su historia de vida es probable que nos encontremos con unos padres poco previsibles, más centrados sus propias necesidades que en las de su hijo, respondiendo ante las demandas del bebé por exceso o por defecto, o quizás en un momento que no era el adecuado. El niño, en su intento de mantener el apego de una figura inestable e impredecible, pide atención constante y se “pega” a sus progenitores, puesto que no sabe cuándo serán recompensadas estas acciones. Los adultos que han crecido con este apego necesitan saber constantemente que sus emociones, sus necesidades y ellos mismos son importantes para el otro, por lo que se vuelven a veces demasiado dependientes de la pareja.

El miedo principal no es el rechazo, como en los evitativos, ya que pueden llegar a someterse al otro con tal de no romper la relación. Su miedo es al abandono, y es por esto que pueden tener activado el sistema de alerta ante cualquier señal que les indique que el otro puede alejarse de ellos. En el resto de relaciones, suelen ser inseguros, con necesidad de aprobación constante.

Desorganizado. El apego desorganizado es el que presentan los niños frecuentemente víctimas de maltrato o abuso.

Son niños que encuentran la seguridad y el miedo en sus progenitores, llegando muchas veces a vivir paradojas de las que no pueden escapar.

De adultos, es probable que necesiten en ocasiones la dependencia y la cercanía, y en otras puedan sentir miedo o rechazo de las relaciones.

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