Cuando somos niños a menudo no podemos reaccionar huyendo o atacando para defendernos de ciertas circunstancias, siendo casi dependientes de los adultos. Por ello nuestro sistema nervioso «rediseña» de forma adaptativa disfuncional reacciones vagales de LUCHA O PARÁLISIS.

El ataque puede venir de forma verbal con insulto o juicios y comparaciones, en forma de ausencia, rechazo, desprecio o de abandono, y también en expresiones físicas de maltrato.

En el caso de que el daño provenga de un adulto (en el niño el impacto será peor), y cuando mayor lazo familiar, se va complicando el asunto.

El sistema nervioso del niño, para protegerse entrará en shock y una vez que sea adulto… cada vez que se active su herida de shock en ciertas situaciones, volverá a reaccionar desde ese trauma con las mismas formas reactivas de ataque, huída o parálisis.

Los animales disponen de un sistema propio de autodescarga de esas experiencias que le generaron «trauma», y literalmente se sacuden, se agitan soltando así esa intensidad energética.

Los niños, aproximadamente has los 7 años también disponen de ese sistema ya que saltando, corriendo etc logran liberarse de gran parte del impacto. Pero..¿y qué sucede con los niñ@s a los que les decimos que se queden quitecitos…calladitos…? Porque el sistema nos empuja a ello…

Para cada individuo es diferente la manera de vivir este impacto en sus sistemas nerviosos. Para algunos será «quedarse en blanco», o paralizado, o lleno de miedo, con ansiedad generalizada, o incluso ataques de pánico… en otros casos será deprimirse…desconectarse, sentir mucha rabia, impotencia, «vivir en la cabeza pensante», en vez de estar en el cuerpo sintiente «debió de ser tapan doloroso…», que por ello necesitamos desarrollar la mente en vez del sentir de la emoción. O también enfermamos de forma crónica…

Añado un dato, y es que en la mayoría de las personas este trauma pasa desapercibido aún y cuando ya están presentándose las consecuencias (ansiedad, miedo, bloqueos…depresión..). Ya que se suelen ir re-activando durante la vida adulta según las diversas circunstancias del día a día.

En consecuencia, acabamos viviendo de patrones disfuncionales, ya que no se ha abordado ese trauma de origen.

Esta herida tiene un impacto atroz en nuestra autoestima y en el cómo nos relacionamos con los demás. Ante situaciones de contacto con los otros, ya sean profesionales, de amistad, familiares o pareja, nos disociamos, bloqueamos, paralizamos o entramos en cólera explotando sin medida.

Podemos hacer trabajo de relajación, meditación etc y así gestionar mejor esas expresiones, pero sin abordar el trauma origen, nos seguirá costando entenderlas, abrazarlas e integrarlas. Desde ese trabajo podremos ir liberando nuestro sistema nervioso y retrogradando nuevos modos de relación más saludables para todos.

Efectos básicos del shock

– No se puede pensar con claridad

– No puede sentir

– No puede expresarse

– No puede moverse

El grado de intensidad puede variar mucho.

Síntomas del shock

– Vivir muy activado (angustia, enfado, ansiedad…)

– Vivir disociado (desconexión entre el cuerpo y la mente. No hay claridad en la mente y cuesta tomar decisiones).

– Vivir congelado (parálisis)

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