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La mejor esclava

no necesita ser golpeada,

pues se golpea a sí misma.

….

Erica Jong

Vivimos en una época en la que afloran las emociones más hondas y arcaicas. Los distractores externos y la educación que nos impide expresarnos abiertamente nos dirige a no mostrar nuestra vulnerabilidad y menos aún a permitirnos estar mal.

Esto no es nuevo, viene de atrás. Aprendimos a escondernos entre disfraces que nos ayudaran a ser aceptados y queridos tal y como quería la mayoría.

Tenemos que afrontar decisiones importantes de cara al modo en el que nos relacionamos, del cara a lo laboral, a lo familiar, a lo personal… y todo con cierta presión y velocidad. En realidad el cambio es inminente y nos llama a la acción total.

Algunos es posible que lo tomen con miedo, con mucho vértigo y pereza. Otros que estén locos de alegría de la gran oportunidad que nos brinda ese momento. Y otros tantos que ni se estén enterando de que haya ningún llamado al cambio.

Sea como fuere, la montaña rusa en la que estamos riendo acogidos trae momentos Up y momentos DOWN. Cuando subimos…. adrenalina, noradrenalina e incluso puede que dopamina… con cierta intensidad y toques de motivación. Cuando bajamos caemos en el saco roto de la serotonina, donde nuestros depósitos de neurotransmisores emocionales caen en picado, con la misa velocidad y curva que la montaña rusa.

Algunas personas además tienen en ese cocktail nerviosismo y ansiedad descontrolada.

Hoy con luna menguante, es un día favorecedor para bajar al sótano de la tristeza y dejarse empapar por ella.

Detente por un momento a resonar esta pregunta: ¿Desde cuándo tienes esa tristeza dentro de ti?

Esa tristeza posiblemente no tenga que ver con nadie más que contigo. En cómo te has tratado a ti misma, cómo has permitido ciertas relaciones y situaciones. En realidad, los otros sólo son figurantes que nos brindan la oportunidad de recrear escenas para que entendamos y sintamos de nuevo.

Así mismo, existe la opción de recrearse más allá de querer comprender, sanar e integrar. En este caso es cuando no conocemos otro modo de relación y buscamos repetir una y otra vez algo porque es lo único que creemos que merecemos y es dónde nos sentimos «seguras». Qué paradójico, que situaciones que nos hagan daño, nos hagan sentir más seguras que otras nuevas por conocer. ¡Cuánto miedo enquistado en nuestras células!

Y te cuento más: debajo de esa capa de miedo, hay otra mucho mas profunda de tristeza.

Esa tristeza tiene que ver con la desconexión contigo misma, con la desconexión con quien eres. Y sobretodo con quien anhelas ser.

Porque tu Ser sólo desea ser feliz y mostrarse tal y cono eres sin máscaras.

En esta época, es normal que aflore esa tristeza profunda, porque estamos ante la constante pregunta de: ¿Qué eliges para tu vida? ¿Y cómo eliges vivirlo?

Sin duda grandes preguntas para meditar y dar por fin esos pasos que seguro llevas tiempos resonando. Recuerda que el miedo, el enfado, el dolor…. o la tristeza tienen mensajes claros para ti. Atiéndelos y descubre los poderosos cambios que vendrán a tu vida.

Puedo ayudarte en este proceso si lo necesitas.

Cuando la tristeza nos inunda, al margen de que haya sucedido algo o no, escucha su mensaje, seguro que tiene que ver con tu alma y los anhelos profundos.

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